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Trastornos
causados por el estrés en los pacientes pediátricosTrastorno
por estrés postraumático. Primera parte.
Dr. Enrique Javier García Wong.
Médico Psiquiatra de Enlace.
Clínica 53 Los Reyes, Instituto Mexicano del Seguro Social
Generalidades
En
1911, Walter Cannon empleó la palabra estrés
por primera vez en un contexto científico. Él fue
quien descubrió la influencia de factores
emocionales en la secreción de adrenalina.
Desarrolló el concepto de reacción de lucha
o huida y otro concepto fundamental, el de homeostasis.
Basado en la ley fisiológica general que formuló Claude
Bernard: "La constancia del medio interno es la condición
indispensable de la vida autónoma". Cannon llamó
homeostasis a los procesos encargados de mantener esa constancia,
y estrés a todo estímulo susceptible de provocar una
reacción de lucha o huida. Fue H. Selye en 1936, quien con
sus estudios definió el estrés como la respuesta
inespecífica del organismo a toda exigencia hecha
sobre él. Cambiando el concepto de Cannon que lo definía
como estímulo y no como respuesta. González
de Rivera en 1980 combinó los enfoques de Cannon y Selye,
y a partir de éstos formuló la siguiente Ley General
del Estrés: "cuando la influencia del ambiente supera
o no alcanza los mecanismos defensivos, en las que el organismo
responde con máxima eficiencia, éste percibe la situación
como peligrosa o desagradable, desencadenándose una reacción
de lucha-huida y/o una reacción de estrés, con hipersecreción
de catecolaminas y cortisol".
El conocimiento de las dos dimensiones de la respuesta humana a
los acontecimientos traumáticos puede aclarar la de las reacciones
al trauma psicológico como asunto médico, legal y
social.
Por un lado, las personas y las sociedades procuran evitar o incluso
propician la amnesia frente al miedo, el sufrimiento y la indefensión
que generan estas experiencias.
Por otro, las personas se sienten, a menudo, muy preocupadas por
los recuerdos traumáticos intrusos y desagradables de experiencias
remotas.
Probablemente, el modelo más claro del periodo de amnesia
radique en el de los abusos emocionales, sexuales entre otros, durante
la infancia.
En 1975 Henderseon publicó en uno de los tratados más
respetables de la psiquiatría que la prevalencia del incesto
ascendía a 1 por 1,000,000.
Actualmente se sabe que esa cifra es subestimada, ya que la prevalencia
de los abusos sexuales en la infancia siendo conservadores la situaríamos
en un 5%, como mínimo.
La interpretación de un estímulo como nocivo es lo
que determina la activación del eje simpático médulo-adrenal
y del eje hipofiso-córtico-adrenal. La secreción de
catecolaminas desempeña un papel fundamental en la regulación
general del organismo, y actúa como regulador del comportamiento,
de la secreción neuroendocrina y del sistema circulatorio.
También a nivel central se ve aumentada la secreción
y metabolismo de diversas sustancias neuro-transmisoras fundamentalmente
por inhibición y activación de la MAO.
El estrés fisiológico, el cual se define por varios
autores como, "un proceso originado tanto en el ambiente exterior
como en el ambiente interior de la persona, que implica un apremio
o exigencia sobre el organismo cuya resolución o manejo requiere
el esfuerzo de los mecanismos psicológicos de defensa antes
de ser activado ningún otro sistema".
En la reacción tardía del trauma las representaciones
amnésicas de la experiencia quedan encapsuladas, en el inconsciente
y cuando falla la represión, la persona se enfrentará
con los contenidos que había reprimido.
Otra es como dice González de Rivera "un estímulo
simbólico no es activo en sí mismo sino en función
de aquello a lo que se asocia o que representa".
La resistencia a las experiencias desestabilizadoras depende de
un factor genético y de un factor adquirido, el primero está
íntimamente ligado a la constitución del individuo,
demostrado en los trabajos de Seguin (1950) y Poledrata (1976).
El factor adquirido se formaría en las experiencias tempranas
del individuo con el medio y la madre, aquí se irán
troquelando las potencialidades definitivas del niño que
se desarrollan hasta su total
Trastorno
por estrés postraumático (TEPT)
Naturaleza
del trauma: Los acontecimientos traumáticos causan
en las personas que lo padecen la percepción de una realidad,
tanto externa como interna, que se opone a los ideales y creencias
sobre la seguridad, el control y la ausencia de dolor.
La realidad externa delata un peligro, por que dichos acontecimientos
tienen la capacidad de matar, mutilar, brutalizar, destruir, p.ej.,
los desastres naturales, las guerras, la violación, la agresión,
los accidentes de tráfico, etc.
Estos ataques portan una realidad interna, de miedo, horror y falta
de control porque la víctima se siente impotente para modificar
el curso de los hechos a medida que se despliegan.
Muchas veces, la persona queda atrapada más por el recuerdo
de sus propias percepciones y sufrimientos de indefensión
que por la experiencia de lo sucedido.
Dimensión del acontecimiento que causa el trauma
El DSM-IV-TR menciona dos criterios principales.
-
La persona ha experimentado, presenciado o afrontado uno o más
acontecimientos caracterizados por muertes o amenazas para su
integridad física o la de los demás.
-
La persona ha respondido con miedo, desesperanza u horror intensos.
En los niños, estas respuestas pueden expresarse por comportamientos
desorganizados o agitados.
La
CIE-10 define al TEPT como:
-
Una respuesta tardía o prolongada a un acontecimiento o
situación traumáticos (ya sea de corta o larga duración)
de naturaleza excepcionalmente grave o catastrófica que,
en general, induce un malestar general a cualquier persona (p.ej.,
desastres naturales o causados por el hombre, combates, accidentes
graves, asistencia como testigo a la muerte violenta de otras
personas, víctimas de tortura, terrorismo, violación
u otras agresiones).
-
Los factores predisponentes, como los rasgos de la personalidad
(p.ej., compulsivo asténico).
-
Los antecedentes previos de enfermedad neurótica, reducen
a veces el umbral para la aparición del síndrome
o agravan su evolución, pero no son necesarios ni suficientes
para explicar su génesis.
La
prevalencia del trauma
Los estudios basados en la comunidad revelan que la prevalencia
global del trastorno por estrés postraumático oscila
entre el 1 y el 14%, explicándose esta variabilidad por los
criterios diagnósticos empleados y el tipo de población
objeto de estudio.
En estudios sobre individuos de riesgo (p. ej., veteranos de guerra,
víctimas de erupciones volcánicas o atentados terroristas)
pueden encontrarse cifras de prevalencia que van del 3 al 58%.
En el sexo femenino se presenta dos veces más frecuente,
que en el masculino, destacando las violaciones y tocamientos, como
causa principal.
En los varones principalmente fueron la presencia de una muerte,
los accidentes o lesiones graves, las causas del trauma.
El estudio de la ECA en Estados Unidos de Norteamérica, investigó
la ocurrencia del trastorno por estrés postraumático
entre la población general (Helzer y cols., 1987). Se observó
que la prevalencia a lo largo de la vida era del 1% (0.5% en los
hombres y 1.3% en las mujeres).
Casi nadie cuestiona que muchos sujetos experimentan la amenaza
y el malestar de estos acontecimientos, sin sufrir ninguna discapacidad
ni presentar síntomas psicológicos duraderos.
Contrariamente a la percepción de algunos, casi todas las
personas traumatizadas rechazan hablar de su experiencia o malestar.
Los problemas que las víctimas tienen para declarar son complejos
y muchas de ellas manifiestan una gran ambivalencia, por razones
justificadas, al describir su experiencia.
Así la víctima de una violación ha de afrontar
la incredulidad de los demás, el daño causado a los
padres y a la pareja, y el dolor y la vergüenza de su declaración.
Fenomenología
de la respuesta al trauma
En
el DSM-IV-TR se describen tres criterios fundamentales:
-
Recuerdos del acontecimiento traumático a través
de recuerdos intrusivos, sueños e imágenes retrospectivas.
Entre los niños pequeños, esto puede expresarse
como juegos repetitivos, donde aparecen temas o aspectos característicos
del trauma.
-
Evitación física o emocional de estímulos
asociados con el trauma o bien embotamiento de la reactividad
global (que incluye síntomas como una restricción
de la vida afectiva, sensación de desapego de los demás
e incapacidad para recordar aspectos importantes del trauma).
Entre los niños, puede haber sueños terroríficos
de contenido irreconocibles.
-
Persistencia de los síntomas de activación, como
alteraciones del sueño, dificultad para la concentración
y respuesta exagerada de sobresalto. Los niños
pequeños pueden re-escenificar el acontecimiento traumático
inespecífico.
Las
pruebas demuestran que este patrón sintomático, se
presenta, tras una serie de eventos traumáticos, como en
los desastres naturales, accidentes y las experiencias bélicas.
Esto indica que el proceso para que se formen los síntomas
está determinado más por una predisposición
de respuesta, que por el patrón traumático específico
del sufrimiento.
Como señalaron Van Der Kolk y Van Der Hart en 1991, que el
TEPT, es un trastorno de la memoria, en el que la experiencia traumática
no se integra de la forma habitual.
Así se refleja en el dominio que la memoria ejerce en la
conciencia del paciente.
Por eso, la re-experimentación de los síntomas supone
la característica primordial del trastorno. La violencia
tanto en niños como en adolescentes y la falta de percepción
de ésta a través de la familia, la televisión,
entre otros medios de diversión e información masivos,
así como el ambiente escolar y social propio de cada región
y a nivel global, ocasionan diversos grados de ansiedad que caen
dentro del T. por estrés postraumático. Por ejemplo:
Castigos corporales y psicológicos en el hogar, violencia
intrafamiliar, traumas violentos por el impacto de los medios de
comunicación, la muerte violenta o la criminalidad de los
compañeros en la escuela, castigos escolares, violencia en
las primeras actividades sexuales, participación en grupo
en hechos violentos, accidentes de tráfico, asaltos en la
ciudad, robos a casa-habitación, etc. La mayoría de
los individuos que cursan con un T. por estrés postraumático,
tienen uno o varios trastornos psiquiátricos asociados (comorbilidad).
Si existe esta comorbilidad, es más difícil su tratamiento
y pronóstico.
Grado de afectación
Los datos epidemiológicos señalan que el T. por estrés
postraumático es muy prevalente y se asocia con comorbilidad
considerable. Es un trastorno asociado a mucho deterioro en comparación
con el resto de los pacientes con otros trastornos de ansiedad y
evoluciona peor en relación con la actividad global (Warshaw
y cols. 1993).
La sintomatología traumática en los niños y
adolescentes debe ser evaluada en la conducta, (actos o juegos repetitivos,
aislamiento y otros signos que se presentan en la ansiedad y la
depresión), en el dormir y en el apetito.
Tratamiento
A)-Psicoterapéutico
A pesar del considerable respaldo clínico (y, casi sin duda,
de cierta utilidad) de la psicoterapia psicodinámica (Keith,
1995) aplicada al tratamiento de la ansiedad infantil, el único
tratamiento que ha recibido, hasta la fecha, un apoyo empírico
sólido es la terapia cognitivo-conductual (TCC) individual
(p.ej., Kendall, 1994) o familiar (p.ej., Barret y cols., 1996)
en consecuencia, muchos consideran hoy que la TCC, administrada
conforme a un modelo de tratamiento de la enfermedad basado en pruebas
documentales (“evidencias”), constituye la modalidad
psicoterapéutica de elección para muchos o quizá
para todos los trastornos pediátricos de ansiedad (v. p.ej.,
March y cols., 1997).
Este tipo de terapia está dirigida para que los pacientes
cambien su comportamiento y reduzcan, así, los pensamientos
y sentimientos molestos. Los terapeutas cognitivos tratan, primero,
de modificar los pensamientos y sentimientos molestos, para mejorar
el comportamiento: Se hace énfasis en la 1)-Psicoeducación,
2)-Análisis conductual pormenorizado del problema y de los
factores que lo sostienen o extinguen. 3)-Intervenciones terapéuticas
específicas para el problema, concebidas para mejorar los
síntomas que inquietan al paciente 5)-Y entrenamiento en
la generalización y prevención de las recaídas
al final del tratamiento.
B)-Farmacológico
Guía para la prescripción de psicofármacos
-
Efectuar una evaluación basal amplia, que incluya escalas
de evaluación y si procede, mediciones de laboratorio.
-
Establecer la relación entre riesgo y beneficio de cada
tratamiento y solicitar el consentimiento informado.
-
Comenzar, en principio, por estrategias menos complicadas y arriesgadas.
-
Evaluar los beneficios y los efectos colaterales.
- Utilizar
un solo fármaco para evitar confusiones durante el seguimiento
de la respuesta.
- Cuando
se ajusta la medicación, evaluar tanto la relación
entre la dosis y la respuesta (intensidad) como entre el tiempo
y la respuesta (relación temporal) de la medicación
escogida para combatir el trastorno.
- Seguir
un modelo de etapas terapéuticas, basado en pruebas documentales
(“evidencias”), y definir el momento para decidir
si se ha producido el efecto beneficioso esperado y si el paciente
necesita o precisa tratamiento adicional.
- Entre
los fármacos más utilizados son: citalopram, fluoxetina,
fluvoxamina, paroxetina, sertralina, venlafaxina, imipramina,
nortriptilina, desimipramina, clorimipramina, alprazolam, clonazepam,
lorazepam, buspirona y propanolol
Hasta
el momento la mejor estrategia de tratamiento, parece ser la combinación
de terapias psicosociales dirigidas, asociadas con la medicación,
como la base más plausible para el tratamiento de estos trastornos
de ansiedad en los niños y adolescentes.
Continuará.
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